lunes, 11 de julio de 2011

Mentiras presidenciales

Por Raúl E. Tamayo Gaviria | El Colombiano
En una diócesis el señor obispo les ordenó a sus sacerdotes que las señoras del servicio doméstico que estuvieran a cargo de las casas curales, deberían tener mínimo cincuenta años de edad.
Cierto día, en una visita pastoral, el obispo encontró en la casa cural a una joven señora de 25 años que muy atenta le sirvió el desayuno.
- Padre Ovidio, esta señora no cumple con mi orden de tener al menos 50 años.
- Es cierto, monseñor, pero en la cocina hay otra que también tiene 25 y así son 50.
En la finca de mi madre, Vallejuelo, en Quebrada Seca, de Sopetrán, Rafinche, un trabajador, se pasaba horas enteras por las tardes contándonos cuentos. En estos cuentos de reinos lejanos, princesas hermosas y príncipes valientes, brujas y espantos, había un dicho sagrado que los vasallos repetían: “Palabra de rey no puede faltar”. Para indicar que todo lo que promete un rey es sagrado y se tiene que cumplir.
En estos 11 meses del gobierno de la “Prosperidad Democrática” hemos pillado a nuestro presidente Juan Manuel Santos en varias faltas a su palabra de cuando era candidato presidencial. Claro que podemos decir con Édgar Neville: “El novio es muy diferente al marido. Es un marido disfrazado de bueno.”
Pero lo cierto es que los que votamos por Santos lo hicimos por lo que dijo en su campaña. En ella dijo que continuaría con la Seguridad Democrática, para llegar a la Prosperidad Democrática y hoy lo que vemos es que no hay Seguridad Democrática. No lo dice “la mano negra de la derecha”, lo dicen las gentes de Colombia en la última encuesta: más del 50 por ciento de los encuestados dice que la seguridad bajó. La narcoguerrilla volvió a coger fuerza, el secuestro, la violencia en los campos y en las ciudades.
Con un marino, Comandante de las Fuerzas Armadas, almirante de escuela que se formó navegando en las inmensidades de nuestros océanos, se nos están metiendo otra vez los narcoguerrillos y las bacrim a las carreteras y a las fincas. Ya están apoderados de las ciudades. Deberíamos pedirle que meta sus barcos y acorazados a las carreteras y las montañas para que nos devuelva la seguridad que nos dio Uribe Vélez con los generales Montoya y Padilla de León.
Segunda mentira: “No aumentaré ni crearé nuevos impuestos, voy a desmontar el cuatro por mil”, y ahora vemos que se están preparando varios proyectos de reforma tributaria y que en lugar de desmontar el cuatro por mil, le van a cambiar de destinación. Se revivió el impuesto de guerra.
Cuando Antanas Mockus hablaba de crear nuevos impuestos, Juan Manuel decía que no lo haría. Ahora sí lo hará. Ya pasó la campaña, “se acabó la luna de miel, ahora a barrer?”.
Tercera “caña” presidencial: “No negociaré con bandidos. Se someten o los acabamos”. Ahora se habla de que habrá negociaciones con guerrilleros y bacrim, a través del señor obispo de Montería se han hecho contactos con las bacrim y con monseñor Córdoba, secretario de la Conferencia Episcopal, se hacen acercamientos con Cano. Mientras el gobierno de la prosperidad se convierte en el gobierno de los “ya casi”, como dice William Calderón: “ya casi cogemos a Cano, ya casi nos aprueban el TLC con Estados Unidos, ya casi nos pagan en Venezuela”. Otras mentirillas presidenciales. “Palabra de rey no puede faltar.”
ÑAPA: Los hermanos chocoanos nos necesitan a los antioqueños y nosotros a ellos para conformar la región que formaría la Mejor Esquina de América del Sur. Antioquia y Chocó juntos nos entendemos y nos complementamos. El artículo de Juan Gómez Martínez el jueves pasado fue muy acogido en Quibdó. El Valle del Cauca con su puerto de Buenaventura siempre se ha opuesto al puerto chocoano sobre el Pacífico. No se pueden equivocar de socio. La Carretera Panamericana, el Canal Seco del Darién, el Golfo de Urabá, todo nos une.

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